POTASIO Y CALCIO

Quitar la sal de las comidas, el mito que no ayuda a la presión arterial

Los nuevos resultados apoyan los alcanzados en todos estos estudios en los que se cuestiona la validez de las bajas ingestas dietéticas de sodio en la población general.
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Si por algo se caracteriza la hipertensión arterial es una enfermedad definida por unas cifras de presión sanguínea superiores a 140/90 mmHg y que, según alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS), supone la primera causa de mortalidad en todo el mundo.

Sin embargo, hasta tres cuartas partes de las personas con hipertensión (en torno a 1.800 millones en todo el mundo y más de 14 millones en nuestro país) presenta un riesgo nada desdeñable de sufrir un ictus, un infarto de miocardio o de desarrollar enfermedad renal. 

Sin embargo, y según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston (EE.UU.), es posible que esta limitación de la ingesta de sodio no sirva para mucho.

"En nuestro estudio no hemos visto ninguna evidencia de que una dieta baja en sodio tenga ningún efecto beneficioso a largo plazo sobre la presión arterial. Así, nuestros resultados refuerzan las evidencias crecientes de que las actuales recomendaciones sobre la ingesta de sodio podrían ser erróneas", comentó Lynn L. Moore, directora de esta investigación.

De acuerdo con las actuales recomendaciones de las sociedades médicas, la ingesta de sodio por las personas sanas no debería exceder de los 2.300 miligramos diarios. Una recomendación que, según la OMS y traducida a cantidades de sal, limitaría la cantidad diaria de sal a 5 gramos diarios.

Para responder a esta pregunta, los autores siguieron durante 16 años la evolución de las cifras de presión sanguínea de 2.632 mujeres y varones que, con edades comprendidas entre los 30 y los 64 años, no padecían hipertensión arterial en el momento de su inclusión en el estudio.

Los resultados mostraron que los participantes que tomaron menos de 2.500 miligramos diarios de sodio acabaron con unas cifras de presión sanguínea superiores a las de aquellos que consumieron cantidades mayores.

"Los nuevos resultados apoyan los alcanzados en todos estos estudios en los que se cuestiona la validez de las bajas ingestas dietéticas de sodio en la población general", explicó Lynn Moore y admitió que "es cierto que hay un subgrupo de población sensible a la sal que se beneficiaría de una reducción de su ingesta de sodio, pero necesitamos más estudios para desarrollar métodos más fáciles con los que monitorizar la sensibilidad a la sal".

De acuerdo con los resultados, los participantes con mayores consumos de potasio, calcio y magnesio presentaron las menores cifras de presión sanguínea al cabo de los 16 años.

"Nuestros hallazgos, así como otros alcanzados previamente en otros trabajos, llaman la atención sobre la importancia de la ingesta elevada de potasio sobre la presión arterial y, muy probablemente, sobre el pronóstico cardiovascular. Esperamos que nuestro estudio ayude a centrar las actuales recomendaciones dietéticas en la importancia de aumentar el consumo de alimentos ricos en potasio, calcio y magnesio con el objetivo de mantener unas cifras de presión arterial saludables", concluyó Lynn Moore.

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