REDUCIR LOS DAÑOS

Cómo identificar el síntoma más desconocido del infarto

Es fundamental ser capaces de identificar los síntomas en el momento en el que aparecen. (Foto: Envato)
Es fundamental ser capaces de identificar los síntomas en el momento en el que aparecen. (Foto: Envato)
Sufrir un infarto agudo de miocardio tienen tan sólo un 76% de probabilidades de seguir vivos un año después.
Los infartos de miocardio o los ictus cuentan con algunos aspectos en común como puede ser la importancia de actuar con rapidez para reducir al máximo los daños. Por ello, es fundamental identificar los síntomas en el momento en que aparecen. 

En el caso del infarto, muchos piensan que el principal síntoma es el dolor del pecho. Sin embargo, hay otro síntomas frecuente que se suele asociar con una mortalidad más elevada. Esta es la falta de aliento o disnea. 

Según concluye un estudio organizado por la Sociedad Europea de Cardiología, las personas que presentan este signo como el principal en el momento de sufrir un infarto agudo de miocardio tienen tan sólo un 76% de probabilidades de seguir vivos un año después, mientras que quienes tienen como síntoma dominante el dolor de pecho alcanzan el 94%.

La disnea y la fatiga extrema eran más comunes en mujeres, pacientes de edad avanzada y personas con otras condiciones como hipertensión, diabetes, enfermedad renal o enfermedad pulmonar; grupos todos ellos de mayor riesgo en eventos cardiovasculares. 

Los investigadores analizaron la incidencia diversos síntomas relativamente atípicos del infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (como son la disnea, el dolor en el vientre o en el cuello o las pérdidas transitorias de la consciencia), en qué tipo de pacientes se dan, y a qué consecuencias se asocian, comparándolos en todo caso con el dolor en el pecho.

Los pacientes con disnea como síntoma principal tenían de media mayor edad que quienes presentaban dolor en el pecho (75 años vs 68 años, respectivamente), tenían más probabilidades de ser mujeres (42% vs 29%) y tenían mayores probabilidades de tener hipertensión, diabetes, enfermedad renal crónica o enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

En cuanto a las consecuencias, quienes presentaban dificultad para respirar tenían una tasa de supervivencia a un año del 76%, frente al 94% del grupo con dolor en el pecho, y un 24% de probabilidades de volver a tener que ser ingresados por problemas cardiovasculares en el año siguiente del accidente (en comparación, los pacientes con dolor en el pecho sólo tenían un 15% de probabilidades).

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