GRANDES AVANCES

Artritis, una mirada positiva a los medicamentos biosimilares más asequibles

La artritis reumatoide es una enfermedad grave, crónica y sin cura, que tarda en presentar síntomas en muchas ocasiones. (Foto: tumblr)
La artritis reumatoide es una enfermedad grave, crónica y sin cura, que tarda en presentar síntomas en muchas ocasiones. (Foto: tumblr)
La artritis reumatoide se va a convertir en una de las primeras patologías en la que entren los fármacos biosimilares, con el objetivo de luchra contra esta enfermedad sin cura.
Quizá una de las primeras patologías donde entren los fármacos biosimilares sea la artritis reumatoide. Los productos biológicos acceden al mercado a un precio más barato cuando los originales pierden la patente y por ello, crearon una gran expectativa ya que parte de un precio menor para las terapias que son más caras, lo que llega a facilitar el acceso a los tratamientos.

A finales del pasado año, infliximab (de nombre comercial Remicade, de MSD) perdió la patente. Las compañías Hospira (con Inflectra) y Kern Pharma (Remsima) anunciaron hace unas semanas el lanzamiento del primer anticuerpo monoclonal (proteína) biosimilar para competir con el de marca. El siguiente en quedarse sin esta protección será Enbrel (de Pfizer), a finales de 2015.

Dicha situación llego a provocar que el gasto en estos tratamientos controlara su crecimiento. Esta situación provocará que el gasto en estos tratamientos controle su crecimiento. El mercado hospitalario de esta patología alcanzó en 2014 la cifra de 204 millones de euros, lo que supuso un incremento sobre el año anterior del 3,5%, según datos de la consultora IMS Health.

Hay que recordar que la artritis reumatoide es una enfermedad grave, crónica y sin cura, que tarda en presentar síntomas en muchas ocasiones. Tampoco se conoce cuál es la causa, aunque sí se sabe que es una dolencia autoinmune, según se explica en la Sociedad Española de Reumatología (SER). Esta patología provoca dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de la movilidad articular, y afecta especialmente a las articulaciones más móviles, como las de las manos, los pies, muñecas, hombros, caderas y rodillas.

En España se contabilizan más de 200.000 personas que la sufren y cada año se diagnostican 20.000 nuevos casos. Unas cifras que muestran la realidad de la enfermedad y su paso por España. Lo común es tratar a los afectados con analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos, pues alivian los síntomas y mejoran el dolor y la rigidez articular.

También los corticoides son útiles en algunos casos. Aunque los medicamentos clave para enfrentarse a la enfermedad son los conocidos como fármacos antirreumáticos modificadores de enfermedad (o FAME). Las terapias clásicas FAME incluyen el metotrexato (el más utilizado), según la Sociedad Española de Reumatología, la sulfasalazina y la leflonomida.

Aunque desde hace 15 años se comenzaron a utilizar los FAME biológicos. “Supuso un cambio radical en el tratamiento de la artritis reumatoide, porque permite en muchos casos una remisión de la enfermedad y que el paciente pueda llevar una vida normal”, recalcó Miguel Ángel Caracuel, portavoz de la SER.

El experto detalló que los candidatos a utilizar estos biológicos, más caros que los convencionales, son en los que la enfermedad no se ha controlado con los fármacos clásicos. En cada centro se reúne una comisión clínica que aprueba el uso de estos medicamentos. “En mi experiencia, ahora mismo no he visto a nadie que se le haya negado por temas económicos”, aseguró.

Los fármacos biosimilares no son genéricos de sus fármacos de referencia, por lo que no son automáticamente intercambiables. Según los expertos la sustitución de un biológico por su biosimilar es un acto médico que debe ser realizado exclusivamente por el médico prescriptor con el consentimiento del paciente.

“Nosotros hacemos una valoración positiva de estos medicamentos porque, a priori, garantizan una misma eficacia a un coste menor. Son bienvenidos. Pero una terapia ya en curso en un paciente no se puede sustituir por un biosimilar. Aunque sí vamos a utilizarlos en nuevos tratamientos”, recalcó.

“Lo que la comunidad científica no conoce es la seguridad de cada biosimilar. Hay que vigilarlos, igual que se hizo cuando llegaron por primera vez los biológicos. El camino se hace andando y la experiencia de uso nos dará la respuesta”, concluyó.

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